¿Tener hijos más tarde podría estar relacionado con vivir más?
Durante años, la maternidad estuvo rodeada de edades consideradas "correctas". Sin embargo, la vida real se ha encargado de complicar esa fórmula.
El caso de Cameron Díaz vuelve a poner el tema en conversación: la actriz estadounidense se convirtió en madre por tercera vez a los 53 años, tras la llegada de su hijo Nautas Madden en mayo de 2026. El anuncio fue realizado por su esposo, Benji Madden, quien compartió la noticia en redes sociales. La pareja ya tenía a Raddix, nacida en 2019, y a Cardinal, nacido en 2024.
La historia de Díaz resulta especialmente llamativa cuando se observa junto a investigaciones que han explorado la relación entre maternidad y envejecimiento. Una de ellas es el Long Life Family Study (LLFS), un proyecto que analiza características genéticas y de salud asociadas con la longevidad excepcional.
En un estudio publicado en 2015 en la revista Menopause, investigadores analizaron a 462 mujeres participantes del LLFS para estudiar la relación entre edad al último parto y supervivencia excepcional.
Los resultados encontraron una asociación estadísticamente significativa. Las mujeres cuyo último hijo nació entre los 33 y 37 años tuvieron 2,08 veces las probabilidades de alcanzar el 5 % superior de supervivencia de su cohorte de nacimiento, en comparación con aquellas cuyo último hijo nació antes de los 29 años. Para las mujeres cuyo último parto ocurrió después de los 37 años, la razón de probabilidades fue de 1,92 frente al mismo grupo de referencia.
El análisis continuo encontró otro dato interesante: cada año adicional de edad al nacimiento del último hijo se asoció con un incremento aproximado del 5 % en las probabilidades de longevidad excepcional.
Pero aquí aparece una precisión fundamental para no convertir una investigación científica en un titular engañoso: el estudio habla de asociación, no de causalidad. No demuestra que tener hijos a una edad más avanzada haga que una mujer viva más.
De hecho, los propios investigadores encontraron que la longevidad familiar era un predictor mucho más potente. En su modelo, pertenecer a una familia con antecedentes de longevidad excepcional presentó una razón de probabilidades de 5,18, frente al 1,05 asociado con cada año adicional de edad al último parto. El estudio también tomó en cuenta factores como educación, tabaquismo, número de hijos y lugar de residencia.
Entonces, ¿qué podría explicar la relación? Una de las hipótesis planteadas es que la capacidad de reproducirse a edades más avanzadas podría funcionar como un marcador de un envejecimiento biológico más lento.
Una mujer que mantiene su función reproductiva durante más tiempo podría compartir determinadas características biológicas con aquellas que envejecen más lentamente. Sin embargo, esta explicación continúa siendo una hipótesis y no una prueba de que la maternidad tardía prolongue la vida.
El caso de Cameron Díaz tampoco puede utilizarse como demostración de esa hipótesis. Su maternidad a los 53 años ocurre fuera de los rangos centrales analizados por el estudio y su historia reproductiva tiene circunstancias particulares que no pueden extrapolarse a toda la población.
En 2026, Díaz se convirtió en madre de tres hijos y ha hablado públicamente de cuánto transformó su vida la maternidad. Su familia mantiene, además, una política estricta de privacidad respecto a los niños.
Lo interesante, entonces, no es presentar la maternidad tardía como una fórmula para vivir más, sino observar cómo se están desmontando algunas ideas rígidas sobre la edad. La maternidad puede llegar antes, después o no llegar; puede ocurrir mediante distintas circunstancias y responder a decisiones personales muy diferentes.
La ciencia aporta datos, pero también límites: este estudio no permite afirmar que una mujer vivirá más por haber tenido a su último hijo después de los 33 años. Lo que sí muestra es una asociación que merece seguir investigándose. Y mientras la investigación continúa, historias como la de Díaz recuerdan que las mujeres están escribiendo sus propias cronologías, muchas veces lejos del calendario que durante décadas se les impuso.

