¿Tu hijo teme volver a clases? Esto puede ayudar
La vuelta a clases también puede generar ansiedad
El regreso a clases suele estar asociado con reencuentros, nuevos aprendizajes y la emoción de comenzar una etapa diferente. Sin embargo, para algunos niños, niñas y adolescentes, volver al colegio también puede convertirse en una fuente importante de ansiedad.
La incertidumbre, los cambios de rutina y las expectativas académicas pueden hacer que este proceso resulte abrumador.
¿Por qué aparece la ansiedad?
Entre las causas más frecuentes están el miedo a lo desconocido, la preocupación por el rendimiento académico, las dificultades para recuperar horarios, el temor a no integrarse con los compañeros y las experiencias escolares negativas anteriores.
La situación puede ser especialmente compleja cuando existe ansiedad por separación u otras dificultades emocionales.
Por eso, especialistas recomiendan que los adultos no minimicen lo que sienten los menores. Escuchar sus preocupaciones y validar sus emociones puede ayudarles a sentirse comprendidos.
También resulta útil hablar de manera natural sobre el regreso a clases, sin transmitirles que necesariamente existe un problema.
La preparación anticipada puede marcar una diferencia. Organizar juntos los útiles, preparar el uniforme, establecer nuevamente horarios de sueño y planificar la semana permite recuperar progresivamente la estructura cotidiana.
Visitar previamente el colegio, recorrer sus espacios o conocer al profesor también puede reducir la incertidumbre, especialmente cuando se trata de un cambio de institución o de nivel.
¿Cuándo prestar mayor atención?
Sentir nervios antes del primer día puede ser normal. Sin embargo, la ansiedad merece mayor atención cuando persiste o interfiere significativamente con la vida escolar.
Dolores de cabeza o estómago, alteraciones del sueño, cambios repentinos en el apetito, irritabilidad, llanto difícil de calmar, rechazo a asistir al colegio o problemas para integrarse pueden ser señales de que necesita apoyo adicional.
En estos casos, la comunicación entre familia y colegio puede ayudar a construir una red de apoyo. Si los síntomas persisten, consultar con un profesional de salud mental permitirá evaluar la situación y determinar qué acompañamiento necesita cada niño.
El objetivo no es eliminar todos los nervios, sino enseñarles que pueden atravesar los cambios con herramientas, seguridad y acompañamiento.

