Ecuador suma su segundo registro de dinosaurios

Wakrayampi, el gigante prehistórico que revela que la Amazonía ecuatoriana fue tierra de dinosaurios

Un deslizamiento de tierra a orillas del río Napo, en la provincia de Napo, terminó revelando uno de los descubrimientos paleontológicos más importantes en la historia del Ecuador. Ocho años después del hallazgo, científicos confirmaron que los restos pertenecen al primer dinosaurio registrado en la Amazonía ecuatoriana: un titanosaurio herbívoro que vivió hace entre 72 y 66 millones de años, cuando esta región tenía un paisaje completamente distinto al que conocemos hoy.

La historia comenzó en 2018, cuando Robert Román, Álvaro Román y Germán Shiguango, habitantes de la comunidad de Venecia Izquierda, encontraron grandes huesos tras un deslizamiento de tierra en la ribera del río Napo. En ese momento desconocían su origen, pero el tamaño de los restos hacía pensar que pertenecían a un animal gigantesco. Parte del material se perdió al ser extraído sin procedimientos especializados; sin embargo, algunas piezas y fotografías permitieron a los investigadores iniciar un largo trabajo científico para determinar su procedencia.

El resultado de esa investigación fue publicado en 2026 por la Universidad Regional Amazónica Ikiam, junto con especialistas de la Fundación Azara de Argentina, en una revista científica internacional. El estudio confirmó que los restos corresponden a un dinosaurio saurópodo del grupo Titanosauria, es decir, un herbívoro de cuello y cola largos que formó parte de los últimos grandes dinosaurios que habitaron el planeta antes de la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años.

Los investigadores bautizaron al ejemplar con el nombre informal de Wakrayampi, una palabra en lengua napo-kichwa que une "wakra", que significa vaca, y "yampi", que significa iguana. El nombre hace referencia a su enorme tamaño y a su aspecto reptiliano. Los científicos aclaran que no se trata de su nombre científico oficial, ya que los fósiles están incompletos y no permiten describir una especie nueva, aunque sí confirman que era diferente de Yamanasaurus lojaensis, el primer dinosaurio descubierto en Ecuador, hallado en Loja.

Entre los restos recuperados se encuentran parte de un húmero, el hueso principal de la extremidad delantera, y varios metacarpianos, que formaban parte de la "mano" del dinosaurio. El análisis de su tamaño y proporciones permitió determinar que el animal era más grande y de constitución más esbelta que el dinosaurio descubierto en Loja. Aunque el material es limitado, los especialistas señalan que sus características coinciden con las de los titanosaurios colosaurios, uno de los grupos de dinosaurios herbívoros más grandes que existieron.

Los huesos quedaron enterrados en sedimentos que formaban parte de una gran llanura costera con lagunas y entradas ocasionales del mar. Es decir, mucho antes de que existiera la selva amazónica tal como la conocemos, esta zona tenía un paisaje capaz de albergar a estos enormes animales. Los investigadores explican que los cambios geológicos relacionados con el levantamiento de la cordillera de los Andes fueron transformando progresivamente este territorio.

El artículo científico destaca que este descubrimiento amplía el conocimiento sobre la diversidad de dinosaurios que habitaron el norte de Sudamérica durante el Cretácico Superior. En sus conclusiones, los autores señalan que el nuevo hallazgo "añade un nuevo tipo de titanosaurio distinto de Yamanasaurus lojaensis" y permite prever que Ecuador albergó una mayor diversidad de saurópodos de la que se conocía hasta ahora.

Más allá del valor científico, el descubrimiento también resalta la importancia de las comunidades amazónicas en la investigación. Los autores del estudio agradecieron expresamente a Robert Román, Álvaro Román, Germán Shiguango y a las comunidades de Venecia-Misahuallí por haber descubierto los restos y facilitado el acceso al sitio.

Gracias a ese hallazgo fortuito, Ecuador suma su segundo registro de dinosaurios y el primero en la cuenca amazónica, confirmando que hace decenas de millones de años los gigantes prehistóricos también caminaron por lo que hoy es el Oriente ecuatoriano.